Cruz de Alfalfa

Dinero, poder, ambición...La historia que cambiará tu vida

lunes, agosto 28, 2006

Capítulo 6

Los ojos del joven se empañaron en lágrimas. Eran lágrimas de venganza pero en su interior había un sentimiento que creía olvidado. Amor. Y no amor por Isabelina. Sino por lo que ella representaba. Por su pasado y por su futuro.

En la farmacia quedaron la jefa y Walpur. Sonó el teléfono. Era para la ayudante con nombre de bruja.

- ¿Si?
- W, la he descubierto!! Sé quién es!!
- ...¡¡¡Quééé!!! No puede ser. Oye ahora no puedo hablar pero en cuanto salga te llamo y me cuentas.
- Ok Walpi. Pero ¿sabes lo que esto significa?
- Si si, pero no cantemos victoria. Aún no sabemos si es ella de verdad...

- Si es quién? – interrumpió Rosa María
- Nadie jefa. Cosas mías – y colgó


Rosa Mª no alcanzó a oir la conversación completa pero eso de “no cantar victoria” sonaba a sucio. Walpur había entrado a trabajar en la farmacia porque su anterior ayudante se marchó al casarse. Hacía solo dos meses que trabajaba con ella pero había algo oscuro. Sus constantes llamadas sobre las que ella no hablaba nunca. Al parecer tenía un amigo pero por lo que la farmaceutica sabía, ella era soltera y sin novios conocidos. Bueno, no era asunto suyo pensó. Que equivocada estaba...

En el Schlecker estaba la Notaria, comprando unos post-its (que aunque Notaria, no era rica). También recorría los pasillos del establecimiento Paloma José. Mª Irene, la dependienta (y como buena dependienta, cotilla), no pudo evitar hacerle la entrevista de rigor,

- Buenos días
- Buenos días
- Disculpe mi intromisión pero hace unos días que la veo por los alrededores del pueblo y por la tienda. Está de visita a algún familiar? O viene a quedarse?
- ..mmm...no, no...estoy de...paso.
– respondió una tímida Paloma José
- Aaahh, pero tiene conocidos aquí? Alguien que la guie?
- No, no. Yo conocí a la señora Cruz hace muchos años. Y me apetecía volver a San Aegidio.
- Ah! Así que usted es amiga de los Cruz? Acabáramos! Eso se dice antes. Sabe? Solo sabiendo eso, a usted la trataran como una reina aquí. Sabe? Yo no es que sea una maruja o algo así, sabe? Pero aquí los Cruz estan muy bien vistos. Son la familia mas fuerte y mas rica del pueblo. Tienen mucho poder, sabe? Cuando murió la señora Cruz parecía que iba a decaer ese estatus porque ella era una señora muy puesta y parecía que ella llevaba la imagen de la familia, sabe? Entonces al faltar ella pues no se sabía si seguirían con esa fama los Cruz pero parece ser que sí. Sabe? La hija mayor está bien casada con el señor Marlos. Sí. Como la casa de zapatos pero no tienen nada que ver. Al principio pensamos que sí pero no. De hecho él es periodista o algo así. Y la hija pequeña...aaayyy. Esa tiene muchos pájaros en la cabeza. Solo esta con sus animalitos y parece que no tenga sangre en las venas. Siempre callada y apartada. La única decisión que tomó en la vida fue la de su profesión, que a su padre le costó un disgusto, pero a parte de eso, nada más. Sabe? Esa casa nunca volvió a ser lo mismo sin la señora pero la verdad es que creíamos que iría a peor. Y no ha sido así sabe?
- Sí...mmsí, claro. Y..y el... el señor Cruz?
- Uix, yo no quiero hablar sabe? A mi no me gusta hablar de la gente del pueblo pero bueno, ya se sabe. Sabe? Sale poco, siempre está con sus caballos y eso. Sabe? La gente siempre le saca novias. Ya se sabe. A un hombre viudo, aun de buen ver, y con su fortuna...claro la gente ve cosas donde no las hay. Ademas, a la gente le gusta hablar mucho y a mi no. Pero solo le voy a decir una cosa. A ese hombre le hace falta una mujer. Aunque no seré yo quien lo diga.
- Vaya, veo que está bien informada...
- Sí, querida. Es la ventaja de trabajar aquí. Que vienen todas las señoras a comprar y se ponen a hablar y claro, yo no quiero escuchar porque a mi la vida de los demás no me interesa, pero se ponen aquí mismo donde esta usted y claro, yo no puedo irme y meterme en el almacen. Sabe?

Paloma José estaba alucinada. Sin quererlo se había enterado de toda la vida de los Cruz! Que gran favor le acababa de hacer la charlatana esa. Y mientras la Notaria, se escondia detrás de la estantería con los potitos y los dodotis. Si ella conocía toda la vida de los Cruz, por qué no le sonaba la cara de esa persona? Bueno, hace años no estaba ella con la familia pero había visto fotos y....bueno, mejor quitárselo de la cabeza que suficiente tenía con lo suyo.

Las 7 de la tarde. Hora de cerrar. Walpurgis salió de la farmacia y se encontró en un parque en las afueras con su conversador telefónico.

- Estas seguro de que es ella?
- Creo que sí.
- Pero Sergei!!
- No me llames por mi nombre. Te lo he dicho mil veces!
- Perdona pero es que si realmente es la que estamos buscando...esto nos puede hacer de oro! Y dónde está?
- Ay Walpur, la hemos tenido tan cerca...
- Sí? Y eso?
- Porque trabaja en la casa de tu jefa!En la Hasienda de los Cruz!!

martes, agosto 15, 2006

Capítulo 5.

- Oye, lo siento. A mí me habían dicho que en esas fotos salíais tú y la Notaria compartiendo juegos en la playa, muy juntitas.
- Aaahhh, ya sé cuando fue eso. El verano pasado, fuimos un par de días a un apartamento, pero créeme. No pasó nada.
- No no, si a mí me da igual, pero lo que digo es que podrías utilizar tu amistad con ella para saber que es lo que pasa o para ayudar...
- Yo no entro en esos temas. A mi solo me interesan los animales. Yo no entiendo de economía ni de leyes.

Ahí quedaron las dos amigas, marujeando sobre la gente del pueblo.

En el jardín de la Hasienda, estaba Ramón Javier, el manitas de la casa. Su oficio era jardinero, pero tan pronto arreglaba las luces de la piscina como te empalmaba un cable. Era un buen partido pero muy tímido. Vivía recluido en su habitación de la casona y solo salía para trabajar y comprar material. No se le conocían amigos ni novias, y el pueblo no podía evitar opinar sobre su soledad. Pero la gente desconocía la verdad.
Ramón Javier tenía una amiga, Marisa Gregorio. Un hecho en el pasado les unió. Marisa conocía la historia de Ramón y era la única a quien el jardinero permitía visitarle. Cuando Marisa iba a casa de los Cruz, nunca hablaba de su amistad con Ramón Javier. Y cuando todos creían que se había marchado, ella entraba por la puerta de atrás y se metía en el cuarto de él. Ramón no quería que la gente supiese que recibía las visitas de la corista porque no quería manchar su fama pura y casta. La gente era muy malpensada.

La Suiza por su parte, estaba a punto de poner rumbo a Nicaragua. Habían pasado meses desde que se decidió a entrar en la vida de los Cruz. Ahora estaba a solo un paso. Había conseguido que la echasen y conseguir por ello una cuantiosa indemnización. Había conseguido también documentos falsos, así en caso de torcerse los planes, siempre podría huir, quedando limpio su nombre. En un par de semanas, cogería un avión dirección San Aegidio.

En esta localidad, Rosa María, la farmacéutica, atendía a un chico desconocido por esos lares. Era un chico alto, de cuerpo atlético, moreno de ojos claros. Estaba claro que era de clase acomodada porque su ropa no es de la que se compraba en los mercadillos de los miércoles y los sábados en la plaza del Dom. El chico necesitaba unas gotas para los oídos ya que tanta natación y el calor le habían ocasionado una leve otitis. El chico se fue en cuanto tuvo lo que quería pero Rosa Mª se quedó hablando con su ayudanta, Walpurgis, sobre él.

- ¿Quién es ese hombre? – preguntó la farma
- ¿Que me mira y me desnuda? – contestó Walpurgis
- ¿Qué dices?
- Nada, nada. No lo sé. Debe estar de paso. O será familia de alguien.

El chico salió de la farmacia. Cogió su coche y arrancó. No estaba de paso. Venía a quedarse. Venía a por lo que le pertenecía. Se dirigió a la Universidad y la vio. Allí estaba Isabelina.

- Tú. Tú que tanto daño me hiciste pagarás por todo...

martes, agosto 01, 2006

Capítulo 4

- Per favore, signore. Che cosa fai? Io no puedo permitire questa cosa.
- Pero Claudia Raquelle, si yo se que tu te vistes así por mi! Que quieres que haga? Que no reaccione?

En ese momento se abrió la puerta. Era Pablo José. Él sabía que a esa hora Claudia estaría con Papasito y al ver que tardaba en bajar, decidió subir a buscarla. Gracias a él, la cosa no llegó a mayores.

- Que quieres Pablo José?
- Mi señor. Solo quería preguntarle si necesita el coche, porque me gustaría llevarlo a lavar.
- No no, Pablito, haz lo que quieras que yo no lo necesito.

Entre esas palabras, la italiana consiguió marcharse casi sin que Papasito se diese cuenta.

Al día siguiente en el Schlecker de la población, entraba una Paloma José abstraída en sus pensamientos. Paseaba por los pasillos, entre las tiras de cera Veet y las compresas Ausonia. Cuando se quedó parada delante de....las pruebas de embarazo. Una lágrima resbaló por su mejilla. Cogió una, la pagó y se marchó. Al salir, no pudo evitar fijarse en una pareja que discutía apasionadamente. Él, un chico de buen ver, castaño claro y con gafas. Ella, una chica morena de pelo rizado. No pudo evitar oir algunas de las palabras de la conversación.

- ....lo que tienes que hacer. Está muy claro.
- Sí que está claro pero no es tan fácil, S...

Paloma José no alcanzó a oir el nombre del chico. Pero, como mujer discreta y bien educada decidió seguir con sus pasos y alejarse de allí, camino a su hotel.

Hasta San Aegidio había llegado noticia del caso de corrupción en Marbella. Justo en esa localidad española, hallábase la inspectora Gómes. Mujer inteligente donde las haya, habían reclamado su presencia las fuerzas policiales al verse incapacitadas para solucionar el entramado del ayuntamiento marbellí. Mientras la inspectora se encontraba en un merecido descanso en una terraza, no pudo pasar por alto la presencia de una mujer de pelo claro, gafas oscuras y aspecto estranjero. Algo hizo sospechar a la policia de esta mujer. Quizás su sexto sentido la advertía de que había algo oscuro. Quizás era simplemente el estrés causado por tanto malhechor lo que hacía desconfiar de todo el mundo. Fuesen verdad sus sospechas o no, la imagen de la "turista" quedó grabada en la mente de Gómes.

De vuelta en San Aegidio, Isabelina, vecina de la localidad, tomaba un café en el bar conocido como "Gasolina" con su amiga Amelia Sans. Isabelina había estudiado Derecho, pero acabó dando clases en la universidad de la ciudad.

- Mi cuñado está preocupado. Por una parte mi padre, que útlimamente actúa muy raro. Y por otra, algo pasa con la Notaria. El otro día le ví repasando todas sus cuentas. No se. Algo pasa.
- Tú crees? Bueno, tú misma podrías averiguarlo. Porque tú...tienes una muy buena relación con la Notaria no?
- Que quieres decir?
- Nada, solo eso. Que vosotras dos sois muy muy muy amigas...
- Mira Isa. No se que insinúas con eso de muy muy muy amigas, pero te diré que simplemente somos amigas.
- Bueno, me han hablado de unas fotos...que no dicen lo mismo...

domingo, julio 16, 2006

Capítulo 3

Juan se apartó rápidamente de la Notaria:

- Apártate de mí!
- Pero por qué? Yo se que lo has estado deseando desde hace tiempo.
- No sabes lo que dices. Además, eres pésima como Notaria, tu no notas nada! Si sigues estando con nuestra familia es por mi suegro, pero el día que él falte, tú desaparecerás!
- Eso es lo que tu te crees.

Juan salió del despacho dando un portazo. No sabía que hacer. Contárselo a su mujer? Si ella le creía, podrían despedir a la Notaria, pero y si no?

Por su parte, la Suiza seguía maquinando su plan...Como era una mujer joven y atractiva, planeó enamorar al viejo Papasito para así quedarse con su fortuna al convertirse en su mujer. Con esta idea en la cabeza preparó sus maletas y compró el billete de avión rumbo a Nicaragua.

Juan llegó a su casa. Dió las buenas tardes a su mujer, cuñada y hermana y se fué directo a su despacho. Hacía tiempo que desconfiaba de la Notaria pero después de su última frase, empezó a sospechar fervientmente, por lo que se dispuso a repasar todas las cuentas y documentos de la Hasienda.

En el salón, las tres mujeres seguían de charla.

- Estoy preocupada por papá - decía Amelia - le veo apagado. Últimamente, solo hace que ir a pasear con los caballos.
- Creo que se siente solo. Estaría bién que encontrase una mujer, pero hay tantas interesadas...
- Teneis que confiar más en la gente. Ya lo decía el señor: "Siempre hay que poner la otra mejilla".- dijo Marisa
- Ya, pero tampoco hay que confiar en cualquier persona...

En ese momento llegó Papasito que venía de pasear.

- Hola cielos. Que tal Marisa? Cómo va el disco?
- Bién, señor Cruz, el proyecto va hacia adelante, gracias al Altísimo.
- Me alegro. Chicas, me voy a mis aposentos. Nos vemos en la cena.

Papasito se retiró a su cuarto. En verdad, sus hijas tenían razón. El señor Cruz siempre fué un hombre muy apasionado y ahora se sentía solo. De vez en cuando, tonteaba con su enfermera, Claudia Raquelle. Ella se lo dejaba pasar, porque él era simplemente un viejito. Pero a veces, se le iba la mano, como aquella tarde.

- Bona sera, papasito.
- Buenas tardes Claudia.
- Li porto las medicinas. Come estai hoy?
- Bién, Claudia bién.

Papasito estaba sentado en su escritorio. Cada tarde, Claudia le tomaba la presión y el nivel de azúcar, ya que Papasito sufría de hipertensión y diabetes. En el momento en que ella se acercaba y agachaba hacia él, él no podía evitar mirarle el escote. Aquella tarde, Claudia Raquelle iba especialmente sugerente. Papasito posó su mano sobre la parte posterior de su rodilla y fué subiendo poco.

- Señor Cruz...que cosa fai?
- Nada, guapa, tú a lo tuyo.

Justo en el momento en el que la mano llegaba al límite, ella se apartó. Con la costumbre había aprendido a hacer las cosas rápido. No le agradaba mucho el señor Cruz, pero era un buen trabajo y estaba bién pagado. Cuando ella iba a salir de la habitación, Papasito se levantó y le interpuso el paso hacia la puerta.

- Signore, per favore, dejeme salir. Tengo molto trabajo.
- Claudia, cielo. no tengas miedo. Sabes que yo nunca te haría nada malo...

Y las manos de él se posaron en las caderas de ella...

jueves, julio 06, 2006

Capítulo 2

El matrimonio se quedó perplejo al ver la reacción de la mujer. No sabían que le ocurría y la dieron por loca. Pero no había por que darle vueltas al asunto. La localidad de San Aegidio estaba llena de gente desequilibrada. Muchos estudiantes iban allí por su prestigio. Se enamoraban de la ciudad. Decidían quedarse y al no encontrar trabajo, se daban a la mala vida.
Mientras volvían hacia el salón, sonó el teléfono:

- Hasienda de los Cruz- Contestó Valentina
- Con el señor Juan Alejandro, por favor.

Al otro lado de la línea se encontraba la Notaria de los Cruz.

- Juan. Hay un problema. Le pediría que viniese a mi despacho cuanto antes.
- Entiendo
– contestó Juan – Voy hacia allá. En media hora estoy allí.

Rosa María quiso acompañar a su marido, pues lo veía preocupado, pero él se empeñó en ir solo. No quería que su mujer se preocupase.

- Toma mi tarjeta de crédito y vete de compras.

Sí. Juan no era un hombre muy allá y creía que con eso se arreglaba todo. Pero Rosa María aceptó.

En el momento en que Juan Alejandro abandonaba la Hasienda, llegaba a ella Marisa Gregorio, su hermana. Marisa cantaba en un coro de iglesia y tenía grandes proyectos de futuro como grabar un jingle para un anuncio de televisión y una tentadora gira por el Vaticano, que bien seguro le abriría las puertas al mundo de los Cantos Gregorianos. De ahí su nombre (artístico) Marisa Gregorio. El hecho de que su hermano no estuviese en casa no importaba ya que Marisa, de naturaleza afable, se llevaba bien con todo el mundo. Así pasó la tarde con Rosa María y Amelia que llegó al poco rato, después de haber asistido el parto de un cabrito.

Mientras en Suiza, en el Banco Suizo de Ahorros, los empleados acababan su turno. Como siempre, cada trabajador tenía sus propios clientes. Y cada uno llevaba únicamente esos clientes. El señor Eneko Cruz tenía un par de cuentas en ese banco. Había que salvaguardar los ahorros familiares y que mejor sitio que en un país extranjero. La economista que le llevaba las cuentas se llamaba Marieve Vuille. Lo que no sabía Papasito es que no solo en San Aegidio hay mala gente, sino también en Suiza. Y precisamente, su economista era la peor arpía del mundo. Egoísta, codiciosa, banal y superficial, la Suiza no tenía escrúpulos. Y al ver las cuentas de Papasito no dudó en maquinar un plan.


De vuelta en San Aegidio, Juan acababa de entrar en la oficina de la Notaria. La escena que se encontró Juan fue indescriptible, la Notaria en la silla con las piernas desnudas en la mesa, la camisa abierta, mostrando un sujetador más que sugerente, y en la boca, un boli.

- Pasa Juan, no te quedes en la puerta. – le invitó la Notaria.
- Mira Notaria, espero que no hayas malinterpretado mi rapidez en llegar, por deseo sexual. Soy un hombre casado y quiero a mi mujer.- dijo Juan entrando y cerrando la puerta tras él.
- No Juan. Yo no he malinterpretado nada. Eres tú el que te equivocas. Acaso crees que te he hecho venir para un simple revolcón?

Mientras hablaba, la Notaria se levantó de la silla y se acercó a Juan.

- Notaria, frena. No me hagas irme con un mal sabor de boca...
- Yo tengo la solución para eso...


Tiró el boli al suelo, y la Notaria le comió la boca a Juan...

domingo, julio 02, 2006

Capítulo 1

En la nicaragüense localidad de San Aegidio de la Concepción, se encuentra situada la hacienda más poderosa de la zona. La hacienda de los Cruz. Con más de 20.000 ha de terreno donde se cultivan maíz, olivos y cactus, es la envidia de todos. En la mansión de los Cruz vive Don Papasito Eneko Cruz. Papasito enviudó recientemente. Su mujer le dejó una gran fortuna así como todas sus posesiones y es por ello, por lo que las malas lenguas insinúan que Papasito se alegró de la muerta de su esposa.
Con él viven sus dos hijas, Rosa María y Amelia Sans. Rosa María esta casada con Juan Alejandro, quien vive también en la hacienda. La mayor de las Cruz es farmacéutica y tiene su farmacia propia. La menor de las hermanas, Amelia, es veterinaria. Su papá no quería que se dedicase a meter la mano por el recto de los caballos pero la pasión de Amelia por los animales era superior a las aspiraciones de su papá. Después de mucho tiempo él logró aceptar las inclinaciones zoológicas de su hija y la aceptó tal y como era. Juan Alejandro, marido de Rosa María, es editor en un periódico. A primera vista, el esposo perfecto. A primera vista...
En la casa vive, además de la familia, el servicio. Valentina de Rota, el ama de llaves. Es la alegre chacha de la casa. Venezolana de nacimiento pero con antepasados andaluces, se autodenomina de Rota en honor a ellos aunque no sabe exactamente de donde eran. Claudia Raquelle es la enfermera de Papasito. Desde que murió su esposa, él quedó solo y necesitaba de una mujer que le ayudase y le recordase cuando tomar sus medicinas. Claudia es de origen italiano. Ramón Javier, el jardinero y limpia-piscinas pasará desapercibido hasta que la suerte se vuelva en su contra....Pablo José es el chófer de don Papasito. Él esta obsesionado con ser también su guardaespaldas (es un gran admirador del chófer-guardaespaldas de Falcon Crest).

Una soleada mañana de Junio, en villa Cruz, suena el timbre de la puerta principal. Valentina de Rota se dispone a abrir entonando una de sus alegres canciones:

-...villa tiene un color especiaaaal, sevilla tiene lalaralalara, me gusta estar con su gente...

- Hola, buenos días. En que puedo ayudarla?

En la puerta, una mujer rondando los 40, morena de pelo rizado y con una pose de inseguridad se presenta:

- Buenos días. Me llamo Paloma José. Estoy buscando al señor Eneko Cruz.
- Papasito? En estos momentos creo que no se encuentra en la hac...
- Quién es, Valentina?
– pregunta una voz masculina desde dentro.
- Es una señora que pregunta por Papasito.

La puerta se abre del todo y aparece Juan Alejandro abrazado a su mujer, Rosa María, detrás de Valentina.

- Gracias Valentina. Puedes retirarte. En qué podemos ayudarla señorita?

La señora de la puerta, Paloma José, al ver a la pareja se pone blanca.

- Eh, sí....yo – la mujer está empezando a sudar y a tartamudear- yo quería...disculpen...pero...eehhh. Discúlpenme.

Paloma da media vuelta y sale corriendo ante la cara estupefacta del matrimonio.
Cuando Paloma llega a su habitación de hotel, inmediatamente, rompe a llorar.....

- No puede ser! Nooooo...Por qué me hisiste esto? Por qué?

sábado, julio 01, 2006

Introducción



En San Aegidio de la Concepción se halla la poderosa hacienda de los Cruz. En ella vive Papasito Eneko Cruz, un viudo al que su difunta mujer le dejó una gran fortuna. Con él viven su hija, Rosa María Cruz, y el marido de ésta, Juan Alejandro. También vive con ellos la pequeña Amelia Sans (conocida por dejar a los hombres a melias).
Poco saben ellos de los hechos venideros que harán temblar los cimientos de esta sólida familia.

No se pierdan:

"Cruz de Alfalfa"
Proximamente en sus pantallas